• Iris P.

¿CUÁNDO USARAS TU CORONA?




Y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos amén. (Apocalipsis 1.6 RVR60)

¿Qué significa que nos haya hecho reyes y sacerdotes? Primero, sabemos que un rey tiene poder para gobernar y por tanto, se le obedece. Pero ¿de quién soy rey? ¿A quién tenemos que gobernar? Nada más ni nada menos que a nuestro propio cuerpo, sí, a nuestra carne. ¿No nos dice Dios que la carne es contra el Espíritu, y el Espíritu es contra la carne? (Gálatas 5.17). Y sigue diciendo el verso: Y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis. Entonces, tenemos que usar la corona que Dios ha puesto sobre nosotros, es decir, debemos empezar a darle órdenes a nuestros deseos carnales; y la primera orden que le tenemos que dar es: No; no, a todo lo que nos atrae de esta vida vana; y un gran sí, a lo que nos lleva a una vida gloriosa en Cristo.

Porque como creyentes, ¿a quién debemos agradar, a nuestra carne o a Dios? A Dios, claramente, porque la carne no puede heredar el reino de Dios (1 Co. 15.50). Pues debemos recordar que nuestra morada en este mundo no es eterna y lo triste es cuánto nos afanamos a lo material de esta vida, nos pasamos gran parte de nuestras vidas aprendiendo a tener, a desear y a gozar de las cosas que no nos llevaremos con nosotros al cielo. No, mis hermanos, no somos, ni debemos ser iguales al mundo. ¿O es que no se ha dado cuenta que Dios nos dio dominio propio? Bien dicen las escrituras:

Porque no nos ha dado Dios Espíritu de cobardía, sino de Poder, de Amor y Dominio propio. (2 Timoteo 1.7 RVR60)

Entonces, ¿por qué no empezamos a vivir como reyes, tal como Dios espera de nosotros? Pues tenemos a nuestra disposición el poder y el dominio propio que nos ha dado Dios para vencer a la carne. Y como creyentes ya no podemos ser esclavos de la carne y sus deseos, puesto que tenemos todas las fuerzas en Él con nosotros. ¡Hasta cuándo seguiremos amando y deseando lo que Satanás nos ofrece! Hermanos, nada de lo que él nos ofrece nos sirve, porque, vuelvo a repetir la carne no hereda lo celestial (1 Co. 15.50). Así que, ¿por qué nos afanamos tanto por las cosas de este mundo y de esta vida efímera y pasajera?

Si hemos sido hechos reyes por Dios, gobernémonos para agradarle, ya que debemos rendirle honor, gloria y alabanzas a aquel que hizo libres de la maldición de la muerte y el pecado con su muerte en la cruz del Calvario. Pues recordemos lo que nos dijo el Señor Jesús:

Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo. Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo. Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo. (Lucas 14:26–27, 33 RVR60)

Debemos aprender a vivir una vida de negación de la carne y de los deseos mundanos para poder agradarle a Él, para que de esa forma podamos ser reconocidos como sus discípulos.


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