• Iris P.

¡CRISTIANOS! ¿DÓNDE ESTÁ EL TEMOR A DIOS?



Y despertó Jacob de su sueño y dijo: Ciertamente Jehová está en este lugar, y yo no lo sabía. Y tuvo miedo y dijo: ¡Cuán terrible es este lugar! Y yo no lo sabía. No es otra cosa que casa de Dios, y puerta del cielo. (Génesis 28.16-17)

En este siglo, el cristianismo perdió completamente el temor a Dios, ya que se peca sin sentir la más mínima culpa o dolor. Ya no ponemos oído a la conciencia, porque estamos tan envuelto en las cosas de este mundo corrupto, donde no está Dios, ni en el corazón, ni en el pensamiento del hombre y cada cual hace lo que bien le parece (Jueces 21.25).


Ya no sabemos quién es seguidor de Cristo. Hoy se sigue una religión, pastor(es) o ideales idénticos a los que está siguiendo la sociedad actual. Ningún creyente quiere ser diferente al mundo, porque la igualdad está reinando en este mundo dirigido por el diablo. Y lo peor de todo es que el pueblo que Cristo sacó de la corriente de este mundo (Efesios 2.1-3) para ponerlo a parte y gozar de su gloria y santidad, no hace más que volverse atrás, tal como dicen las escrituras:


Pero les ha acontecido lo del verdadero proverbio: El perro vuelve a su vómito, y la puerca lavada a revolcarse en el cieno. (2 Pedro 2.22)

La cristiandad de hoy en día se contagió de esta nefasta manera de vivir. Preguntémonos, ¿a quién estamos siguiendo? Es que son tan pocos los creyentes que van contra la corriente actual de la sociedad; aquellos que saben que no se pertenecen, sino de son de aquel Dios que es tres veces Santo, que no cambia, ni varía, pues es el mismo “ayer y hoy y por los siglos” (Hebreos 13.8).


Este pequeño grupo de cristianos (un remanente), por ejemplo, tampoco creen en la mentira de la falsa pandemia orquestada por el maligno y sus secuaces, ya que comprenden que el mundo debe estar sumido en el miedo y el caos para que se pueda levantar el anticristo. Este puñado de fieles creyentes no están inmersos en el terror que trajo el diablo, pues no han caído presas de su mejor arma, ya que saben que en Cristo todo temor a la muerte se acabó con su resurrección de los muertos (Hebreos 2.14-15).


Respondiendo Jesús, les dijo: Mirad que nadie os engañe. (Mateo 24.4)

Estos cristianos que saben quién está detrás de esta farsa, pues han obedecido el mandato del Señor, no dejándose engañar fácilmente, ya que lo escudriñan todo cuidadosamente antes de creerlo (1 Tesalonicenses 5.21). Un creyente que no ha sido engañado por las mentiras del padre de las mentiras (Juan 8.44) no teme darle la mano a nadie, ni tampoco de abrazar a sus hermanos y familiares, que saben que están sanos y se gozan de la unidad de la fe. Además, en caso que de que enfermen y fallezcan, saben perfectamente a dónde van, por tanto, no temen ni a padecer, así como tampoco temen a la muerte.


Es tanta la paz del cristiano que no ha perdido o debilitado su fe en Jesucristo su Señor y Salvador, pues le conoce y sabe de lo que su Dios es capaz de hacer. Además, pase lo que pase, se goza en sentir que está en el lugar que es casa de Dios y puerta del cielo.


En paz me acostaré, y asimismo dormiré; porque solo tú, Jehová, me haces vivir confiado. (Salmos 4.8)

Aprendamos a creer y sobre todo a temer a Dios y no al hombre, las enfermedades y la muerte física.

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