• Alexis Sazo

Contentarse cualquiera sea la situación (segunda parte)



Como creyentes no debemos pensar que estamos en la tierra para ser plenamente felices sin ninguna clase de dificultad o aflicción; no, mis hermanos, la plenitud de felicidad está en el Cielo, no en este mundo cargado de pecado. Así que no se engañe, ni permita que lo engañen. Porque bien dice la Biblia:


Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios. (Hechos 14.22 RVR60)

Hoy en día, existe todo un movimiento que habla sobre ser plenos, felices, triunfadores, etc. en esta vida terrenal en este mundo. Pero este modelo no es el que vemos en las escrituras, porque si tan solo miramos al Señor, que es nuestro modelo a seguir, vemos lo siguiente:


Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos. Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. (Isaías 53.3–5 RVR60)

Mis hermanos, no podemos pretender que jamás tendremos aflicciones mientra vivamos acá en la tierra, porque fue el mismo Señor Jesús quien nos dijo “en el mundo tendréis aflicción” (Juan 16.33). Entonces, ¿cómo pretendemos buscar la felicidad en este mundo. Es más, tenemos mandato de parte de Dios para sufrir:


Bien sabemos que todo el que desee vivir obedeciendo a Jesucristo será maltratado. (2 Timoteo 3.12 TLA)

El mismo apóstol Pablo le dice a Timoteo:


Tú, pues, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo. (2 Timoteo 2.3 RVR60)

A ver, paréntesis aclaratorio, esto no es un llamado al masoquismo. Tampoco es que vamos a salir al mundo buscando el sufrimiento para cumplir la Palabra de Dios, no. Lo que estoy diciendo, es que si usted se encuentra en aflicción, no debe reclamar contra Dios, ni tampoco debe ponerse a preguntar “por qué a mí, por qué me pasa esto Señor”; así como tampoco tratar de solucionar el problema por usted mismo, sino que debe hacer lo que Dios dice que haga en esas situaciones: Gozarse, agradecerle a Dios por lo que usted está pasando, no dejar de alabarle porque todo esto es para su bien, para darle crecimiento y un mejor entendimiento de la relación que debe tener con Dios, y aprender a disfrutar de una cercanía nueva, así como de dependencia más profunda de él; que si no padeciese jamás podría llegar a experimentar.


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