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  • Alexis Sazo

Conocer al autor, no a su obra



Nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar. (Mateo 11:27)

¿Es posible conocer a Dios? Sí, se puede, pues Él lo afirma. Es más, es el profundo deseo de Dios el darse a conocer a sus criaturas para tener una relación estrecha con nosotros. En Jeremías, dice: «Me buscaréis de todo vuestro corazón. Y seré hallado por vosotros» (Jeremías 29:13–14). Incluso el Señor Jesús, dijo: «Conozco mis ovejas, y las mías me conocen, así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre» (Juan 10:14-15). La pregunta es, como creyentes, ¿cuánto conocemos a nuestro Dios? Él se nos ha revelado de diferentes maneras, por ejemplo, al amarnos, a través del perdón de nuestros pecados, dándonos vida eterna al momento de creer, que es la promesa dada por Dios acerca del nuevo pacto que haría con sus criaturas:

Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo. Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado. (Jeremías 31:33–34)

Sin embargo, este es el conocimiento «básico», el inicio de nuestro camino de conocer a Dios y todos los creyentes compartimos este conocimiento. Pregunto: ¿Nos hemos quedado en este único conocimiento? Alguien puede pensar que basta con conocer su Palabra, pero conocer la obra de un escritor nos hace ser admiradores del autor, no obstante, conocer al autor mismo, significa conocer a la persona detrás del libro. No pensemos que basta con conocer su Palabra, porque eso no es conocer al autor del libro.

Mis hermanos, cada uno de nosotros, puede desarrollar una relación íntima con Dios, pero debemos cultivar dicha relación; Él nos capacitó para ello: «Y les daré corazón para que me conozcan que yo soy Jehová; y me serán por pueblo, y yo les seré a ellos por Dios; porque se volverán a mí de todo su corazón» (Jeremías 24:7). Entonces, ¿deseamos conocer a Dios íntimamente? Por eso debemos pasar tiempo junto a Él, conociéndole, conversando, escuchando qué tiene para decirnos, saber qué le gusta y qué le desagrada, etc. ¿Hacemos eso diariamente?


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