• Alexis Sazo

Confrontar a nuestros hermanos



Entonces dijo Natán a David: Tú eres aquel hombre. (2 Samuel 12:7)


La soberbia es un serio problema del cual todos podemos —o somos— víctimas; la soberbia desagrada profundamente a nuestro Dios (Proverbios 6:17), por eso el salmista decía: «Preserva también a tu siervo de las soberbias; que no se enseñoreen de mí; entonces seré íntegro, y estaré limpio de gran rebelión» (Salmos 19:13). Y frente a este pecado, todos necesitamos ser confrontados.


Como parte de una actividad evangelizadora, un grupo de cristianos invitó a un atleta profesional cristiano bastante popular. Cuando este llegó, uno de los organizadores notó que el hermano atleta se estaba comportando con cierta arrogancia. Así que lo llamó aparte, y le dijo: «Hermanos, hemos estado orando por este evento durante mucho tiempo. La gente necesita ver a Cristo en ti. Pero te estás portando con engreimiento y eso no le va a hacer bien a nadie».


A veces nos cuesta enfrentar a nuestros hermanos, especialmente cuando están en cargos dentro de la iglesia local, acerca de estos problemas. El profeta Natán enfrentó a David en su arrogancia, tras haber pecado con Betsabé. Pero en lugar de airarse el rey David contra el profeta, confesó su pecado, se arrepintió delante de Dios y fue restaurado.


Nunca es fácil confrontar a alguien, ya que nuca sabemos cómo va a reaccionar la otra persona. Y con respecto a nuestros hermanos, se suma el hecho de que no queremos causar una división en la iglesia. Sin embargo, es algo que, si Dios nos ha mostrado, debemos hacer, por el bien de la iglesia, puesto que este tipo de conducta obstaculiza la obra de Dios.

Tal vez, conozcamos a algún hermano que está actuando de esta manera y se está deslizando, e incluso peor, puede que esté siendo de tropiezo para otros hermanos. Si es así, debemos orar mucho, pedirle la dirección a Dios, para que a través del Espíritu Santo nos guíe y nos dé la sabiduría para hablar con este hermano, para que nuestras palabras sean medicina y no golpes de espada.


Hay hombres cuyas palabras son como golpes de espada; mas la lengua de los sabios es medicina. (Proverbios 12:18)


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