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  • Foto del escritorAlexis Sazo

¿Con qué me presentaré?




¿Cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron, testificando Dios juntamente con ellos, con señales y prodigios y diversos milagros y repartimientos del Espíritu Santo según su voluntad. (Hebreos 2:3–4)


Hay un himno que dice así:


¿He de ir sin ningún fruto que presente a mi Señor?

¡Nada le llevo, ni un trofeo, ni un servicio de valor!

¿He de ir sin ningún fruto? ¿He de ver a Cristo así?

Con el tiempo malgastado, ¿he de presentarme allí?

De la muerte no me asusto, Cristo es ya mi Salvador. 

Para él nada yo he hecho, esto sí me da dolor.


Muchas veces el Espíritu Santo me hace pensar en aquel día, cuando estemos delante del trono de nuestro Señor y tengamos que rendir cuentas de cómo vivimos en este mundo, donde cada obra que hicimos será pasada por fuego:


Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca, la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará. (1 Corintios 3:12–13)


Pero la pregunta es: ¿con qué nos vamos a presentar delante de nuestro Señor? ¿Lo haremos con las manos vacías? Durante años pensé en ese día y sentí vergüenza porque no llevaba nada, pero bendito sea Dios, que hoy puedo estar seguro de que el que comenzó la buena obra en mí, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo (Filipenses 1:6). 


Para nadie es un secreto que estamos al final de los tiempos, lo vemos cada día en las noticias, en nuestro barrio, en nuestro trabajo, etc. Sin embargo, aún nos queda un poco tiempo, por eso «es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído» (Hebreos 2:1), y que andemos como sabios «aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos» (Efesios 5:16).


Hermanos, no lleguemos delante de nuestro Dios con las manos vacías, pensando que ya somos salvos y con eso basta, sino todo lo contrario, llevémosle incontables talentos, para que así pueda decirnos: «Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor» (Mateo 25:21).

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