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  • Foto del escritorAlexis Sazo

Compromiso con Dios



Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano. (1 Corintios 15:58)


La noche en que se graduó de la Facultad de Medicina, el Dr. Howard A. Kelly, cirujano y ginecólogo de fama mundial, escribió en su diario: «Entrego mi tiempo, mi capacidad, mi ambición y a mí mismo, todo, a Él. Bendito Señor, santifícame en mi servicio a ti; no me des ningún éxito mundano que no me acerque más a mi Salvador».

 

La palabra usada por Pablo para firme es en el original: hedraíos (ἑδραῖος) que significa: asiento, silla, base. Establecido, firme. Usado metafóricamente para referirse a la mente y el propósito. Mientras que la palabra usada por el apóstol Pablo fue ametakínētos (ἀμετακίνητος) que significa inamovible, firme.


Tanto la firmeza, como la constancia, son las piezas fundamentales de una vida exitosa como creyentes. No obstante, estas son dos de las cosas más difíciles para nosotros. Por así decirlo, como creyentes, estamos en una maratón (42 km), pero la mayoría de nosotros somos corredores de 100 metros planos. ¿Qué quiero decir con esto? Que muchos de nosotros somos buenos para mantener el ritmo por cortos períodos, siendo que debemos mantener el ritmo constante por un período largo. 


En nuestras mentes y corazones debemos proponer que, sin importar cómo nos sintamos, qué situaciones nos rodeen o si nuestra carne está dispuesta a obedecer o no, debemos seguir adelante. Por eso decía que la vida del creyente es como una maratón, pues estos deportistas corren largas distancias batallando contra sus cuerpos, pues en cierto punto de la carrera se sienten cansados, sedientos, con dolores, les cuesta respirar, etc. pero no por eso ceden o disminuyen el paso, sino que siguen corriendo usando su convicción de alcanzar la meta. Es por eso que Pablo les decía a estos mismos corintios:


Así como el Señor se comprometió con nuestra salvación, hasta que pudo clamar: «Consumado es» (Juan 19:30), no se detuvo. Del mismo modo, hagamos un compromiso delante de Dios, que sin importar lo que enfrentemos, seguiremos adelante sin detenernos, imitando a aquel que lo dio todo por nosotros.

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