• Alexis Sazo

Carrera de 100 metros o una maratón



Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús. (Hebreos 12:1–2a)


Durante cada olimpiada vemos diferentes deportes, dentro de ellos se encuentran las carreras, existen de varios tipos, unas más largas que otras. Por ejemplo, tenemos las carreras de 100 metros, en las que velocistas como Usain Bolt alcanzan récords de menos de 10 segundos. Mientras que por el otro lado tenemos las maratones, que cuentan con una longitud de un poco más de 42 km, y con una duración que supera las 2 horas. Incluso el corredor más rápido de la historia (Eliud Kipchoge) tiene una marca de 2:01:39.


Asimismo, en la Palabra de Dios se emplea esta imagen de un corredor con la intención de hacer entender al creyente que tiene una meta delante de sí. Y así como el atleta que hace su mejor esfuerzo para alcanzar la línea de meta lo más pronto posible, el creyente debe correr con el objetivo de alcanzar la meta. Bien lo decía el apóstol Pablo: «Prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús» (Filipenses 3:14). Este apóstol había sido «asido por Cristo», ya que su vida había sido radicalmente transformada; él dejó todo de lado y lo consideró como pérdida (Filipenses 3:7) con tal de ganar a Cristo. Por eso es que les dice a los corintios lo siguiente:


¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis. Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible. (1 Corintios 9:24–25)


Nuestra carrera de fe tiene una meta: estar con Cristo en la gloria. Lo hermoso es que todo creyente puede contar con Dios para acabar su carrera y obtener el premio del vencedor. No corremos solos, sino que contamos con el Todopoderoso ayudándonos. No obstante, jamás debemos olvidar que esta carrera no es un sprint de 100 metros, sino más bien una larga maratón, que se acaba el día en que somos llamados a la presencia de nuestro salvador.


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