• Alexis Sazo

¿Cómo vemos al Señor Jesús?



Jesús les preguntó, diciendo: ¿Qué pensáis del Cristo? (Mateo 22.41–42 RVR60)


¿Qué diríamos si alguien nos formula esta pregunta? ¿Podríamos responder como el salmista, quizás?


Eres el más hermoso de los hijos de los hombres; la gracia se derramó en tus labios; por tanto, Dios te ha bendecido para siempre. (Salmos 45.2 RVR60)


O quizás podríamos decir como la Sunamita:


Mi amado es blanco y rubio, señalado entre diez mil. Su paladar, dulcísimo, y todo él codiciable. Tal es mi amado, tal es mi amigo. (Cantares 5.10, 16 RVR60)


Cuando pensamos en el Señor, ¿qué vemos? ¿Ocupa el Señor Jesús una posición alta o baja en su vida? Porque, hermanos, si pensamos poco en Él en nuestro día a día, si nos conformamos con vivir sin su presencia, si nos importa poco su honor, si hemos descuidado cumplir sus leyes, entonces estamos enfermos y debilitados en la fe.


¿Cómo podemos solucionar esto? Siguiendo el consejo divino que encontramos en su Palabra:


Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad. (Filipenses 4.8 RVR60)


Debemos comenzar por llenar nuestra mente con Dios, con su Palabra, meditar en lo que nuestro Señor hizo en la cruz, en sus atributos, en la hermosura de su nombre, etc. Para saber más de Dios, sí o sí, tenemos que abrir su santo libro y pasar tiempo leyendo, estudiando y meditando lo que en ella encontramos.

No necesitamos decir como Job: «¡Quién me diera el saber dónde hallar a Dios! Yo iría hasta su silla» (Job 23:3). Digo que no necesitamos hacerlo, porque tenemos acceso a las escrituras fácilmente a través de las aplicaciones gratuitas para los celulares y tablets. Lo mismo con la oración, basta con que elevemos nuestras voces a Él; el Señor hizo esto posible:


Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne, y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe. (Hebreos 10.19–22 RVR60)


Así que, hermanos, no desperdiciemos nuestro tiempo buscando lo que el mundo nos puede dar, sino que «aprovechemos bien el tiempo, porque los días son malos» (Efesios 5.16) y llenemonos de Dios y de su Palabra.

Que el Señor dirija vuestros corazones hacia el amor de Dios y hacia la perseverancia de Cristo. (2 Tesalonicenses 3.5 LBLA)






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