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  • Alexis Sazo

Cómo ser un instrumento útil



Hazme oír tu voz; porque dulce es la voz tuya. (Cantares 2:14)

En una venta de antigüedades, un visitante curioso descubrió un viejo violín cubierto de polvo. La tapa y el fondo estaban abiertos y el barniz descascarado; así ese violín no servía para nada, incluso en las manos de un excelente músico. No era más que un objeto inútil.

Un verdadero creyente es una persona que ha puesto su confianza en Jesucristo, quien murió por él en la cruz para perdonar sus pecados. Cuando comprende que es salvo, experimenta un gozo inmenso y desea vivir con el Señor. Sin embargo, a veces, al pasar el tiempo, los momentos en que se dirige al Señor mediante la oración se hacen cada vez más esporádicos. No obstante, Dios quiere que permanezcamos en comunión con Él, pues desea escuchar cada día nuestra «voz», esto es, nuestra oración. ¿Por qué deberíamos orar?

Para agradecerle. Su Palabra dice: «Orad sin cesar. Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús» (1 Tesalonicenses 5:17-18).

Para hacerle llegar nuestras peticiones: «Orando en todo tiempo con toda oración y súplica» (Efesios 6:18).

Para adorar a Dios: «Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él (Jesús), sacrificio de alabanza» (Hebreos 13:15).

Dios nos escucha siempre, pues sus oídos están atentos a nuestra oración (Salmos 34:15), y jamás se cansará de nosotros, incluso si nos dirigimos a Él con torpeza.

Así que, si nuestras oraciones —al igual que los sonidos del violín roto— han cesado por falta de vigilancia o si nuestro interés por las verdades espirituales se ha desvanecido, retomemos el alzar nuestras voces a Dios en oración. No guardemos silencio, porque Él deseo oír nuestra voz.


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