• Alexis Sazo

Cánticos de liberación



Jehová es mi fortaleza y mi escudo; en él confió mi corazón, y fui ayudado, por lo que se gozó mi corazón, y con mi cántico le alabaré. (Salmos 28:7)


En noviembre de 1942, los estudiantes y maestros de una escuela para hijos de misioneros en China, fueron encarcelados por las fuerzas militares japonesas de ocupación. Mientras se dirigían a la prisión, alguien comenzó a cantar la letra de una conocida canción cristiana. Al poco tiempo, todos los prisioneros se unieron a él cantando: «Dios sigue en su trono, y va a recordar a los suyos; aunque las pruebas nos opriman y las cargas nos abrumen, Él nunca nos dejará solos». Esta se convirtió en canción lema durante casi 3 años, hasta que los liberaron al final de la Segunda Guerra Mundial.


La experiencia de estos hermanos, me hace recordar lo que decía el rey David en Salmos 32:7 «Tú eres mi refugio; me guardarás de la angustia; con cánticos de liberación me rodearás». ¿Es así como actuamos los creyentes? Tristemente no, ya que lo que generalmente hacemos frente a la adversidad es quejarnos o desanimarnos, muy rara vez agradecemos lo malo que nos pasa.


Pero siguiendo con el ejemplo de aquellos hermanos, cuando las circunstancias parecen abrumadoras, ¿cantamos alguna canción en particular? Si somos cristianos, no debería ser extraño que tuviéramos un himno o un corito preferido que hable del fiel amor de Dios y de su presencia en la adversidad. Porque en momentos inesperados, la letra y la música, al venir a nuestras mentes, harán las veces de recordatorio de que el Dios Todopoderoso está en control de todo, y que nunca nos abandonará. Bien dice en el libro del profeta Isaías:


No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia. (Isaías 41:10)


Así que, hermanos, si alguna experiencia de vida ha venido como una «inundación de muchas aguas» (Salmos 32:6) sobre nosotros y sobre quienes nos rodean, aprendamos a cantar con gozo a nuestro Señor, dejándole todas nuestras cargas para que Él nos rodee con cánticos de liberación.


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