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  • Foto del escritorAlexis Sazo

Bienvenido a casa



Así que, al contrario, vosotros más bien debéis perdonarle y consolarle, para que no sea consumido de demasiada tristeza. (2 Corintios 2:7)


Para muchos adolescentes que se van de la casa, regresar no siempre es todo lo que ellos esperaban. Más de unos cuantos muchachos de 15 años de edad han sido confrontados por un padre que les ha regañado, diciendo: «No sé si te voy a poder perdonar. Ya es suficientemente malo que le hayas causado migrañas a tu madre desde que creciste. Volver a casa no cambia el hecho de que estás en falta».


Nuestra actitud hacia los que han pecado contra Dios debe ser diferente. En 2 Corintios 2, Pablo dijo cómo recibir de vuelta a la comunión de la iglesia a un cristiano arrepentido (vv. 6–8). Pero, lamentablemente, somos como el hermano del hijo pródigo, pues en vez de gozarnos, nos enfadamos de que hayan vuelto.


Mis hermanos, cuando un cristiano regresa después de caer en pecado y ser separado de la comunión con el pueblo de Dios, debemos evitar una actitud de reproche. Más bien debemos comunicar amor, aceptación y un deseo de ver a esa persona totalmente restaurada. Su Palabra es muy clara al respecto:


Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado. Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo. Porque el que se cree ser algo, no siendo nada, a sí mismo se engaña. (Gálatas 6:1–3)

Aunque cuidado, pues no debemos tomar su desobediencia a la ligera; aquel hermano o hermana, debe pasar por la disciplina de la iglesia. No obstante, debemos anhelar su salud espiritual de la misma forma en que los padres quieren ver que su hijo evite las consecuencias de una mala conducta. Pero cuando una persona se arrepiente sinceramente y regresa al Señor, la forma de ayudarla es dándole una calurosa: ¡Bienvenida a casa! Pues si Dios los perdona y los recibe de vuelta a su redil, ¿quiénes somos nosotros para no perdonarle?


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