• Alexis Sazo

Baja espiritual



¿Hasta cuándo, Jehová? ¿Me olvidarás para siempre? ¿Hasta cuándo esconderás tu rostro de mí? (Salmos 13.1 RVR60)


Los atletas detestan los tiempos de baja. Cuando algo así les ocurre, intentan hacer todo tipo de cosas para poder salir de esos momentos en que no pueden hacer las buenas jugadas acostumbradas. Por ejemplo, los jugadores de béisbol cambian de bate, los basquetbolistas cambian sus zapatillas, los tenistas cambian de raquetas, etc. Estos atletas hacen lo que sea para poder alcanzar el éxito.


Lo cierto es que los creyentes también deberíamos aborrecer aquellos tiempos de baja espiritual, y así como los atletas profesionales, deberíamos intentar salir de aquella situación con todas nuestras fuerzas. No debemos desanimarnos, ni dejar de orar, aunque sintamos que estas no llegan solo hasta el techo; o cuando leer la Palabra de Dios parece algo pesado y a veces frustrante.


El problema es que nuestro enemigo aprovecha aquellos momentos. Ya que anda como los depredadores tratando de aislar al más débil. Bien dicen las escrituras:


Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo. (1 Pedro 5.8–9 RVR60)


El diablo sabe que somos vulnerables, y sabe que basta con susurrar unas cuantas cosas a nuestros oídos (dardos de fuego del maligno, ver Efesios 6.16) para hacernos sentir abandonados por Dios. Pero no debemos creerle, porque el Señor nos prometió que habría de estar con nosotros hasta el fin de los tiempos (Mateo 28.20), Él no nos deja, ni nos abandona.


El rey David se sintió de esa manera cuando escribió el salmo 13. Su baja espiritual vino, al parecer, por un retraso en la respuesta a su petición de ayuda (VV 1–2). No obstante, David sabía cómo salir de aquella baja espiritual:


Mira, respóndeme, oh Jehová Dios mío; alumbra mis ojos, para que no duerma de muerte; para que no diga mi enemigo: Lo vencí. Mis enemigos se alegrarían, si yo resbalara. Mas yo en tu misericordia he confiado; mi corazón se alegrará en tu salvación. Cantaré a Jehová, porque me ha hecho bien. (Salmos 13.3–6 RVR60)


Primero vemos que no dejó de buscar a Dios, siguió esperando en Él, porque sabía que Dios es la verdadera fuente de refrigerio espiritual en tiempos de sequía. Luego confió en Dios, pues es el único que conoce la salida. Y por último, cantó alabanzas, consciente de la importancia de la adoración.


¿Se halla en una baja espiritual? No cese de elevar sus súplicas al Señor, confíe en Él y alabe su nombre. Que es la única forma de salir de aquel estado.


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