• Alexis Sazo

Auxilio seguro



Rescátame de la trampa que me tendieron mis enemigos, porque solo en ti encuentro protección. (Salmos 31:4)


Nuestros enemigos espirituales son las crías de las serpientes, y buscan atraparnos sutilmente. La oración de David que puse en el encabezado nos hace entender que como creyentes podemos ser atrapados como un pájaro en una red. El enemigo hace el trabajo de manera tan hábil que los simples son prontamente rodeados por la trampa, tal como nos dice el proverbio: «El avisado ve el mal y se esconde; mas los simples pasan y reciben el daño» (Proverbios 22.3 RVR60). Como el salmista podemos rogar a Dios que nos libre de aquella red que ha tendido el enemigo de nuestras almas. Esta es una oración apropiada y una que puede ser concedida.


Quizás sea necesario un tirón fuerte para salvar un alma de la trampa de la tentación, y uno poderoso para liberar a un hombre de la trampa del astuto maligno, pero el Señor es el mismo para cada emergencia; y las trampas del cazador de las almas, por más hábilmente que hayan sido colocadas, nunca podrán retener a los elegidos. Ay de aquellos que son tan listos para poner trampas, pues los que tienten a otros serán destruidos.


«Porque solo en ti encuentro protección» ¡Qué inexpresable dulzura encontramos en estas pocas palabras! Con cuánto gozo podremos enfrentar las pruebas y cuán alegremente podremos soportar los sufrimientos cuando nos apoyamos en la fortaleza celestial. El poder divino despedazará todas las obras de nuestros enemigos, confundirá sus políticas y frustrará sus viles planes.


Es feliz aquel que tiene un poder inigualable a su lado. Y nuestra propia fuerza será de poca utilidad cuando estemos avergonzados en las redes de la vil malicia, pero la fortaleza del Señor está siempre disponible, no tenemos sino que clamar por ella y la encontraremos a nuestro alcance. Oímos su voz diciendo: «Clama a mí, y yo te responderé» (Jeremías 33.3 RVR60); porque su promesa es hermosa: «Los ojos del Señor están sobre los justos, y sus oídos atentos a su clamor» (Salmos 34.15 LBLA).


Si por fe dependemos solamente de la fortaleza del poderoso de Israel, podemos usar nuestra santa seguridad como una petición en nuestros ruegos.


—Charles H. Spurgeon

En Paz me Acostaré (modificado)


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