• Alexis Sazo

Antes era ciego y ahora veo



Y guiaré a los ciegos por camino que no sabían, les haré andar por sendas que no habían conocido; delante de ellos cambiaré las tinieblas en luz, y lo escabroso en llanura. Estas cosas les haré, y no los desampararé. (Isaías 42:16)


(Leer Juan 9:1–41)


¡Ese día, el Señor Jesús curó a un ciego! Milagro que, como la mayoría de los milagros, tiene un doble significado. Primeramente, era el cumplimiento de la profecía que anunciaba que el Mesías devolvería la vista a los ciegos (Isaías 28:18; 35:5). También es un signo que nos revela al Señor Jesús como la luz del mundo, pues Él dijo: «Entre tanto que estoy en el mundo, luz soy del mundo» (Juan 9:5).


El hombre que sanó el Señor había sido ciego desde su nacimiento. Los discípulos le preguntaron quién había pecado, si él o sus padres para que hubiese nacido ciego, pero el Señor Jesús no siguió sus razonamientos inútiles sobre las causas de aquella desgracia, sino que les mostró que siempre hay un remedio dado por Dios: Él puede liberar, pues no existe ningún obstáculo que bloquee el despliegue de su gracia.


No obstante, la ceguera de ese hombre hace referencia a otro tipo de ceguera. El Señor Jesús nos dijo que vino a este mundo «para que los que no ven, vean, y los que ven, sean cegados» (Juan 9:29). Las personas que «no ven» son las que reconocen su miseria y la necesidad de que Dios las salve. Para eso vino el Señor, para que aquellas personas puedan «ver», al depositar su fe en Él como el Salvador de sus vidas. En otras palabras, en los evangelios, ver es una consecuencia de la fe.


Sin embargo a las personas que creen «ver» y saber todo, su pretensión y su propia justicia les impide creer en el Señor Jesús y recibir la luz divina en sus corazones. ¡No pueden discernir la belleza de la persona de Jesús!


El Señor Jesús ordenó al ciego ir a lavarse al estanque de Siloé, que significa «enviado». ¡El ciego obedeció y recobró la vista! Para ver, espiritualmente, primero hay que creer en Jesús. Cada uno de nosotros está invitado a ir a Jesús, el enviado de Dios para poder «recibir la vista».


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