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  • Foto del escritorAlexis Sazo

Ansias de tener más



El que ama el dinero, no se saciará de dinero; y el que ama el mucho tener, no sacará fruto. También esto es vanidad. (Eclesiastés 5:10)


Así decía la portada de una publicación. Los redactores de aquella eligieron bien el título, pues conocen la insatisfacción crónica del ser humano. Ansias de tener más dinero para adquirir el último celular de moda, ansias de más poder para ser reconocido y tener una mejor posición social, ansias de tener más tiempo libre para disfrutar la vida, etc. Pasamos el tiempo corriendo tras «lo que nos falta». La sociedad de consumo que ha hecho Satanás, siempre tan materialista, no solo conoce muy bien esos deseos sin fin, sino que incluso los promueve. Y el ser humano, al no poder conseguir lo que desea, cae en la depresión, aumentando así el uso de antidepresivos, creando un círculo vicioso. Pero ¿tendrá esto relación con el sentimiento de no poder hacer frente a tantas exigencias?


En el libro de Eclesiastés, la Biblia nos habla de este vacío que siente el hombre sin Dios. Su autor, un rey que poseía todo que como humanos pensamos que nos hará felices, analiza todos los centros de interés que se encuentran «debajo del sol»: trabajo, riquezas, estudios, diversiones, ocio; pero concluye diciendo: «Todo ello es vanidad y aflicción de espíritu» (Eclesiastés 1:14).


Que contraste con alguien que tiene a Cristo como la fuente de su satisfacción. El apóstol Pablo, quien estaba prisionero, sin dinero y privado de todo, tenía el corazón lleno de Jesucristo, por esa razón es que pudo decir con toda sinceridad: «He aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación» (Filipenses 4:11). ¿La razón de esto? Su contentamiento estaba en Dios y no en lo que el mundo ofrece. Era feliz, a pesar de las circunstancias difíciles que atravesaba, porque vivía cerca de la fuente de la verdadera felicidad: Jesucristo. El Señor era su vida, su modelo, su meta, su fuerza, su paz, su gozo, su esperanza, en otras palabras, era su todo.


Y para nosotros, ¿qué es Cristo? ¿Es nuestro todo? ¿O al igual que el mundo buscamos «lo que nos falta».


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