• Alexis Sazo

Amnesia espiritual



Acuérdate de estas cosas, oh Jacob, e Israel, porque mi siervo eres. Yo te formé, siervo mío eres tú; Israel, no me olvides. (Isaías 44:21)


Un empleado de una fábrica se acercó a su supervisor al final del día, este lo miró, y a ojos del supervisor, aquel hombre se veía confundido. «¿Cómo se apaga mi máquina?» —le preguntó el empleado—. «¿No te acuerdas?» —preguntó el jefe. «No —dijo el empleado—. En realidad no estoy seguro de dónde estoy ni de qué estoy haciendo aquí». El supervisor se preocupó y lo envió inmediatamente al médico. ¿Cuál fue el diagnóstico? Amnesia.


En el versículo del encabezado, Dios le habla a su pueblo Israel para hacerle recordar lo que había olvidado. Por así decirlo, ellos sufrían de una amnesia espiritual. Por ejemplo, en el versículo 21 vemos que les hace recordar quiénes eran y de dónde venían. En el mismo capítulo, en el versículo 22, Dios les recuerda lo que había hecho por ellos. Entre los versículos 9–20 vemos como Dios les hace recordar lo necio que es depender de cualquier cosa hecha por manos humanas; y que únicamente Dios puede controlar el curso de los acontecimientos humanos (vv. 24–25).


¿Qué podría ser peor para nosotros hoy en día, como creyentes, que olvidar que le pertenecemos a Cristo, por lo cual ya no somos nuestros (1 Co 6:19), pues Él nos compró con su sangre (1 Co 7:23), además Él sabe cómo debemos vivir, y que Él es el único que tiene el control sobre todas las circunstancias de nuestras vidas (Mateo 10:30)? Examinémonos a nosotros porque tal vez nosotros, al igual que Israel, hemos perdido la memoria. Recordemos lo que nos dicen las Escrituras:


Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios. (1 Corintios 6:20)


Si es que estamos sufriendo de esta «amnesia espiritual», abandonemos nuestro pecado, volvamos al Señor, y recordemos quiénes somos y porqué estamos aquí. Y aunque la amnesia espiritual es una condición peligrosa en la que cualquier creyente puede caer, tiene una gran ventaja: es reversible. Así que, hermanos, tengamos cuidado de no olvidar a nuestro Dios y Salvador, Jesús, tal como lo hizo Israel.


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