• Alexis Sazo

¿Alumnos o maestros?



Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros. (2 Timoteo 2.2 RVR60)


Un estudiante universitario estaba teniendo problemas con sus estudios, por lo que decidió hablar con su profesor para pedirle consejo. El estudiante le dijo a su profesor: «He estado estudiando mucho y hago lo mejor que puedo, pero sencillamente no logro retener lo que estudio o trato de memorizar. ¿Cree usted que sería conveniente que contrate un tutor?»


El profesor pudo comprender claramente el problema del joven estudiante. Él le respondió: «No, yo no le recomendaría eso en absoluto. No necesita un tutor, ¡lo que usted necesita es un alumno!» El maestro sabía que el aprendizaje aumenta cuando compartimos nuestro conocimiento con otros.


El consejo de este profesor me recuerda a los creyentes que conocen muchas verdades de la Biblia, pero siguen teniendo una comprensión deficiente de las escrituras. Asisten a todas las reuniones de su iglesia (o solían hacerlo, hoy vía online), escuchan programas radiales o sermones en internet, hacen cursos bíblicos por correspondencia u online, y estudian las escrituras individualmente; no obstante, parece que les falta un conocimiento práctico de la Biblia. ¿Cuál es el problema? Sencillo ¡nunca hacen nada con la información! Lo que necesitan no es aprender más, sino que necesitan pensar en otros, compartir lo que conocen y han aprendido de las escrituras con otras personas, tanto predicando el evangelio como discipulando a algún hermano. Porque a medida que lo pongan en práctica, lograrán comprenderlo totalmente.


Hermanos, les dejo planteada una pregunta ¿qué estamos haciendo con el conocimiento de Dios y las escrituras? Lo pregunto, porque no podemos pasarnos la vida siendo alumnos y nunca ser maestros. No podemos pasarnos la vida solo recibiendo y jamás dando a otros.


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