• Alexis Sazo

Alabanza al Dios Creador




Solo tú eres el Señor. Tú hiciste los cielos, los cielos de los cielos con todo su ejército, la tierra y todo lo que en ella hay, los mares y todo lo que en ellos hay. Tú das vida a todos ellos y el ejército de los cielos se postra ante ti. (Nehemías 9.6 LBLA)


«En el principio» (Génesis 1.1) estas son las tres primeras palabras de la Biblia, pero no es el único lugar en las Escrituras donde leemos acerca de la creación de Dios. La extraordinaria obra de la creación de Dios no es un fenómeno de un solo pasaje. Sino que «tejidos» por todas las Escrituras hay recordatorios de que Dios dio forma a nuestro mundo, el universo y todo lo que hay en él, son el producto de su mano poderosa. Por ejemplo, el apóstol Pablo le declaraba esta verdad a los atenienses cuando les dijo:


Él es el Dios que hizo el mundo y todo lo que hay en él. Ya que es el Señor del cielo y de la tierra, no vive en templos hechos por hombres, y las manos humanas no pueden servirlo, porque él no tiene ninguna necesidad. Él es quien da vida y aliento a todo y satisface cada necesidad. (Hechos 17.24–25 NTV)


Como seres humanos, con mentes frágiles y olvidadizas, necesitamos ese recordatorio de manera continua, porque de lo contrario, podríamos ser fácilmente influenciados por la enseñanza que escuchamos continuamente de parte de algunos educadores que sostienen una perspectiva de los orígenes que excluye a Dios. De ahí que todo lo creado nos hable de Dios: «Porque desde la creación del mundo, sus atributos invisibles, su eterno poder y divinidad, se han visto con toda claridad, siendo entendidos por medio de lo creado, de manera que no tienen excusa». (Romanos 1.20 LBLA).


Sin embargo, esa no es la razón primordial para explorar lo que dice la Palabra de Dios sobre la creación, no, la razón principal por la que necesitamos reconocer el papel de Dios en hacer que todo existiese es para que le alabemos. Así lo leemos en su Palabra:


¡Que todo lo que respira alabe al Señor! ¡Aleluya! (Salmos 150.6 RVC)


Hermanos, miremos a nuestro alrededor y veamos la mano del Dios Todopoderoso para alabarle por todo lo que ha hecho. Pues, uno de los fines por los cuales nos salvó Dios es para alabarle:


Nos predestinó para adopción como hijos para sí mediante Jesucristo, conforme al beneplácito de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia que gratuitamente ha impartido sobre nosotros en el Amado. (Efesios 1.5‭-‬6 LBLA)


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