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  • Foto del escritorAlexis Sazo

Ahogándonos en un vaso de agua




En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor; gozosos en la esperanza; sufridos en la tribulación; constantes en la oración. (Romanos 12:11–12)


Ahogarse en un vaso de agua, es una frase que significa preocuparse en exceso por algo que realmente no tiene importante o que no es grave. Cuenta C. H. Spurgeon que sir Francis Drake (1543-1596), el famoso marino inglés que llegó a vicealmirante de la Armada, fue sorprendido en cierta ocasión por una tremenda tempestad en la embocadura del río Támesis. El viento soplaba con tal fuerza y la nave se inclinaba tan violentamente que algunos marineros se asustaron y se tiraron al río tratando de ganar la orilla a nado. Hasta que Drake les hizo entrar en razón gritando: 


—¿Qué os pasa? ¿Os habéis vuelto locos? Hemos navegado sin zozobrar por todos los mares del mundo. Hemos enfrentado y superado las más terribles tempestades perdidos en mitad de océanos inmensos, ¿y os vais a dejar amedrentar ahora en un río, temiendo ahogaros en un vaso de agua? 


Un ejemplo que hayamos en las Escrituras de esto, es el profeta Elías. El profeta acababa de matar a los profetas de Baal, había orado para que descendiera fuego del cielo de parte de Dios. Pero cuando Jezabel le amenaza, el profeta se vino abajo (Leer 1 Reyes 18 y 19). Dios le había mostrado todo su poder, le había respaldado, no obstante, frente a la amenaza de una mujer, el profeta temió y huyó. 


Cuantas veces Dios nos ha hecho pasar por situaciones que son verdaderamente difíciles, ha estado con nosotros en cada paso que hemos dado, ha fortalecido grandemente nuestra fe, y nos ha mostrado que Él es el Omnipotente, que nada hay que se le pueda oponer, ni existe cosa alguna que sea difícil para Él. Sin embargo, nosotros, frente a una situación pequeña, nos llenamos de temor y nuestra fe flaquea. 


Recordemos lo que nos dice el salmista: «Estos confían en carros, y aquellos en caballos; mas nosotros del nombre de Jehová nuestro Dios tendremos memoria. Ellos flaquean y caen, mas nosotros nos levantamos, y estamos en pie» (Salmos 20:7–8). Mis hermanos, no olvidemos quién es nuestro Dios. Ningún problema es mayor que Dios. Así que, pongamos toda nuestra confianza en Él, y ya no nos ahoguemos más en un vaso de agua. 

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