• Alexis Sazo

Agradecer a Dios



 

Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús. (1 Tesalonicenses 5:18)

 

Dar gracias en todo, sean favorables o no nuestras circunstancias, no es absoluto nuestra actitud natural del ser humano. A menudo incluso olvidamos decir gracias cuando Dios nos dio lo que esperábamos; y por cierto, no lo decimos cuando algo se interpone a nuestros proyectos. Asimismo, cuántos podríamos decir como Job: «Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito. ¿Qué? ¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos?» (Job 1:21; 2:10).


Para hacerlo, la primera lección que hemos de aprender es que Dios nos ama, que Él es sabio y todopoderoso. Y todas las cosas están en su mano, y porque Él nos ama, todo lo hace por nuestro bien, por una parte nuestra formación (crecimiento espiritual) y por otra, para el cumplimiento de sus planes.


Esto se admite bastante fácilmente de una manera teórica. Pero la segunda lección consiste en sacar las consecuencias prácticas cuando las cosas no van como lo desearíamos. Es necesario que aprendamos a modificar nuestra percepción de las contrariedades cotidianas. Deben llegar a ser ocasiones de contactos más íntimos con nuestro Padre celestial en lugar de ser insoportables cargas que hemos arrastrar y sobre las cuales nos quejamos incesantemente contra Dios. Debemos aprender a traerle esas dificultades, a veces muy insignificantes, pero no para quejarnos, sino para agradecerlas, porque están moldeándonos para parecernos más a Cristo. Estas dificultades nos transforman, modifican y le dan forma a nuestros días; aprender a decirle gracias por esos problemas es una de las lecciones más difíciles para todo creyente. Y no decir gracias «de los labios hacia afuera», sino agradecer de todo corazón, gozándonos verdaderamente.


La convicción de que «a los que aman a Dios, todas las cosas ayudan a bien» (Romanos 8:28) debe generar nuestra gratitud por los cuidados que Dios nos da, aun cuando nos parezca que es todo lo contrario. Por eso debemos tener siempre presente las palabras que el Señor le dijo a Pedro en el aposento alto: «Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después» (Juan 13:7).


36 visualizaciones0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo
  • Telegram
  • Twitter
  • Instagram