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  • Foto del escritorAlexis Sazo

Adoremos a nuestro Dios hoy y siempre

Actualizado: 15 ene




Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan, su hermano, y los llevó aparte a un monte alto; y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz. (Mateo 17:1–2)


En aquel momento, el Señor Jesús les mostró a estos tres apóstoles que Él era más que un simple ser humano; y aunque nuestro Señor jamás dejó de ser Dios, los apóstoles aún comprendían quién era Jesús. Ellos no habían entendido que en Él moraba esta doble naturaleza, pues era 100 % Dios y al mismo tiempo era 100 % hombre. 


Los evangelios nos muestran al Dios encarnado; y como hombre tuvo que pasar por el mismo proceso que pasa cualquier otro humano, desde estar 9 meses en el vientre de su madre, luego nacer, aprender como cualquier niño, etc. Este es un misterio que no logramos entender, porque hasta su misma concepción fue completamente diferente a la nuestra. Él fue el hijo de una mujer virgen, y fue puesto en el vientre de María, por el Espíritu Santo, quien engendró a aquella criatura.


Lo que más me asombra es que el Dios Todopoderoso, Rey de reyes y Señor de señores, se sujetó a las leyes de la creación, siendo Él el creador y sustentador de todo el universo (Colosenses 1:16; Hebreos 1:3). Aunque nos es imposible comprenderlo, sí podemos creer que Dios mismo se humanó, porque su amor le movió venir a salvarnos, pero fue una humillación que jamás podremos entender. Sin embargo, esto, a lo único que nos lleva, es a alabarlo más y más, pues Él es digo que lo hagamos. Algún día, uniremos nuestras a las los seres angélicos y juntos podremos decir:


Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas. El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza. Y a todo lo creado que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay, oí decir: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos. (Apocalipsis 4:11; 5:12–13)


¡Gloria a Jesús, el Dios Altísimo; Cordero inmolado!


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