• Iris P.

AÚN HAY TIEMPO



Despreciado y desechado por los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de Él el rostro, fue menospreciado, y no le estimamos. (Isaías 53.3)

¿Quién es este varón? El que descendió del cielo, el Hijo de Dios mismo. Quizás nunca lo ha pensado, pero ¿nos damos cuenta que Dios mismo vino a la tierra para reconciliarse con nosotros sus criaturas? Sin embargo, su propia creación no le recibió.


Para los religiosos de la época en la que vino no fue más que una piedra de tropiezo (1 Pedro 2.8). Además, ellos lo veían como un simple carpintero y no como el Hijo de Dios; mientras que para los romanos no era más que un hombre común de la plebe que había que castigar. 


Dios envió a su hijo para hacernos libres del pecado (Juan 8.34-36), libertarnos de la condenación eterna y para salvarnos de las garras de Satanás, quien es un amo cruel, pues tiene poder sobre la mente y los corazones de los seres humanos, a quienes maneja como se le antoja.


Acaso ¿no nos llama la atención como la maldad en el mundo crece sin control?, ¿No nos llama la atención como hoy nadie se sujeta a las leyes establecidas por las autoridades? ¿O el asesinato sistemático de seres humanos indefensos, llamado aborto, está la orden del día? Hoy vemos mujeres asesinando a sus propios hijos, sin una pizca de compasión. Y qué decir de las relaciones entre personas del mismo sexo, que sin importar lo que diga la sociedad, no son bien vistas a los ojos de Dios; también como los padres asesinan a golpes a sus hijitos bebés sin mostrar afecto por sus criaturas; o como violan y dan muerte sin misericordia a sus propias hijas, etc.


Todo esto es obra de la degeneración del ser humano debida a su propio pecado; degeneración orquestada por el enemigo de las almas. El diablo nos odia tanto, que se goza haciendo un guiñapo de los seres humanos. Nos detesta con todo su ser, porque para él no hay salvación, mientras que para nosotros sí la hay.


Amigo(a) para esto vino el Hijo de Dios, para hacernos libres de nuestros propios pecados, porque a través de estos aquel maligno ser nos puede manipular a su antojo. Pero si usted sigue rechazando el regalo de la salvación de su alma, que Jesús consiguió con su muerte en la cruz del Calvario, las consecuencias serán terribles. 


Permítame contarle algo, el Señor Jesús prometió que volvería otra vez a buscar a aquellos que hemos creído en él como el salvador de nuestras vidas y la verdad es que falta muy poco para dicha venida. Pero esta vez no vendrá como un tierno y humilde salvador, sino que vendrá como el Juez de toda la tierra, pues viene para  juzgar y condenar a todos los que no quisieron recibir el regalo que nos hizo, es decir, la Salvación por fe y el perdón de todos nuestros pecados. 


Está escrito: Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego. (Apocalipsis 20.15)  

¡No demore, porque mañana puede ser muy tarde! Aún hay tiempo, haga caso del llamado del Señor Jesús que dice: 


Venid a mí, todos los que estáis cansados y cargados, y yo os haré descansar. (Mateo 11.28)

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